De padres, paros y docentes

por Julián Fragueiro/

Los padres se enfurecen con los maestros, los critican y atacan permanentemente, des autorizándolos delante de sus propios hijos: vagos, zurdos, paran cobran y no trabajan, no saben, viven de licencia, no están capacitados, no contienen. Son los mismos padres que le demandan al estado que intervenga, les dé seguridad, saque la escoria de las calles, controle, vigile. Estos mismos padres, al mismo tiempo le exigen al estado que se corra, que no cobre tantos impuestos, que no joda. Estos  padres, tan demandantes y duros con todos, son los que luego, en casa, no pueden manejar ni a sus propios hijos, ni su propia vida, ni su propia billetera.

Reclaman mando dura y control, critican la tarea docente, y luego fomentan, organizan, y difrutan, de movidas y tradiciones pedorras como el UPD (Último primer día) alquilando salones, haciendo la vista gorda ante el consumo de alcohol, y hasta celebrando selfie mediante, que la nena o el nene ingresa al último año de la secundaria.

Son padres, pero no lo son, no saben, o no quieren saber. Todavía no dejan de ser hijos, las mamis gozan siendo amigas de las hijas, y compartiendo la ropa de forever 21 o el pantalón ajustado. Se sienten soñadas, pasaron los 30 y les queda el jean de la niña. Ellos, aprovechan y piden 2×1 en aritos, claritos, piercing o tatuaje. Uno para papá, otro para el nene.

Estos son los padres que hoy miden el trabajo, la ética, la calidad, y los logros de los docentes. Para ellos, dos mil pesos en todo un año, es la guita que se gastan en una semana  en pokerstars, la peña con amigos, la salida de chicas, o en el after office, ahora que se separaron y volvieron a las pistas. Dos mil pesos es todo lo que quieren que reciba un docente, en todo un año, por darle clases, principios, enseñanzas, a sus hijos. Limpiarles el culo, y ordenarles la mente y las ideas, con historias y valores que seguramente no aparecerán por casa. Dos luquitas, en todo un año, por enseñarles a pensar…

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